lunes, 24 de diciembre de 2012

Capítulo 6: El mejor de mis regalos

¿Nunca te has sentido en una sensación de completo vacío? ¿Una sensación de completo silencio, donde juegan tu mente y tu miedo? Pues así se sentía ella. Miles de sensaciones le rondaban por la cabeza ¿Dónde estaba? ¿Había muerto? Y lo que más le importaba ¿Dónde estaba él?. A lo largo de las últimas semanas, su relación era parecida a una montaña rusa de sentimientos... De pasar de tener todo, a no tener absolutamente nada. De encontrar la felicidad en una persona, de encontrar esa persona que rompe todos tus esquemas, aquella a la que sin duda atribuirías el cargo de ser la que te guíe por este misterioso laberinto llamado vida. La vida le había jugado una mala pasada, le había ganado el dolor, el miedo y lo que más le dolía, había ganado la muerte. Ella no estaba preparada, sentía impotencia y a la vez, pánico. Puede que incluso no hubiera sabido valorarle todo cuanto significaba para ella. Debería haberle tratado cómo se merecía, como un rey. ¿Y él? Él la había tratado como una princesa o cómo más que eso. Cada mes, el día 18 le traía una rosa y le susurraba ''¿Te imaginas? En un futuro construiremos juntos un castillo hecho completamente de rosas, mi reina''

''Amanda... ¿Otra vez aquí?'' intentó gritar Paolo, su voz parecía vacía, como apagada, como si hiciera un gran esfuerzo por sonar. Era él, existía, Amanda podía contemplarle, su bello rostro, su delicada sonrisa, sus pequeños pero significativos ojos...

''Paolo, yo... Yo no puedo más, todo esto me puede, te lo aseguro... Siento impotencia, siento no poder haberte parado, yo... Los médicos me han contado todo, de verdad... La última vez que te he vi fue cuándo me intenté suicidar, y no pude llegar a decirte todo esto... Sé que no hay marcha atrás, no voy a poder volver en el tiempo: lo ocurrido, ha ocurrido... Quiero volver a ser tu reina, quiero construir el castillo que me prometiste...''

''Y lo puedes construir, Amanda'', sostuvo Paolo ''Sí, pero si no es contigo, con nadie, ¿lo recuerdas?'' sentenció Amanda.

''Amanda, no quería llegar al punto de decirte esto... Pero, he fallecido, el tabaco ha acabado con mi persona y no quiero que por este mero hecho tu vida tenga que acabar... Ahora mismo, te acabas de desmayar, están intentando reanimarte en el mundo,  escúchame mi vida, mi pequeña reina: ''¿ Recuerdas cuando te conocí aquella lluviosa tarde? Pues desde ese momento, nunca he dejado de pensar en ti  te lo aseguro... ¿Sabes como conseguía ser feliz? Haciéndote sentir la chica más feliz del mundo, la chica más importante de mi mundo, la chica más fuerte que jamás conocí.... Por eso, quiero que subas la cabeza, dejes de llorar y me mires a los ojos, mirame...'' dijo Paolo ''Te miro...'' respondió Amanda ''¿Me ves a mi llorar al haber perdido a lo más significativo de mi vida, llorar por no poder volver a sentirte? Pronto vas a despertar, y quiero que recuerdes esto: ''que no pueda volver a ser tu rey no significa que no tengas porqué volver a sonreír, la vida está llena de recuerdos, y aunque mi vida haya acabado, todos y cada uno de tus recuerdos me los guardaré como el mejor de mis regalos, te amo, mi pequeña gran reina...'' susurró.

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